Cuando progresar no interesa

Primero te dijeron que solo eras un estudiante, que derecho era muy difícil, que si los jóvenes de hoy en día son todos unos…

Después que eras demasiado joven, que otros tienen más experiencia… que mejor callases y escuchases.

Luego cambió. Que tener la carrera no era tanta cosa, que era muy fácil, que siguieses callado porque no tienes experiencia laboral. Que no hay salidas, que no hay trabajo, que hay muchos universitarios, que no hay plazas…

Hay mucha crisis, solo se puede ser becario y aprender y aprender de gente que a los 20 años ya estaba ejerciendo.

De pronto, sin que te des cuenta, todo cambia: Tuviste suerte, seguro que tienes familiares de la profesión que te ayudaron…

Cuando naces, nadie está esperando por ti para que soluciones nada.
El mundo ya giraba solo antes de tu existir y seguirá girando cuando ya no estés.
La sociedad ya está montada, la gente ya está colocada y a nadie le interesa que tú te hagas un hueco.

Si sigues esperando a que sean otros los que te creen tu zona de confort tendrán razón los primeros, los segundos o los terceros, dependiendo de donde te quedes.

De ti depende que el “no eres capaz” y el “no es para tanto” se convierta en “tuvo suerte”

La suerte es la excusa de aquellos que quieren creer que las cosas pasan por azar, seguramente para curar su conciencia.

Pero la suerte no existe, lo que sí existen son las oportunidades: tuvo una oportunidad, estaba preparado y la aprovechó.

De ti depende construir tu propio sueño o ayudar a construir el sueño de los demás.

Si tú no crees en tus posibilidades nadie lo hará.

“Necesitas estar 5 años de becario para aprender”
“Aún no estás preparado”
“Demasiado joven para tanta responsabilidad”
“Poca remuneración porque eres muy joven como para tener gastos”

Te lo dice gente que ya estaba casada a los 20 años, viviendo sola y cobrando un sueldo, ojo.

Porque hubo un tiempo, no muy lejano, no os creáis, en el que a los 18 había que ganar dinero y ser independiente, no fueras a ser un paria del sistema.

¿Y si interesa tener mano de obra cualificada gratuita?

¿Y si todos los mensajes de desánimo son orquestados para que te conformes con nada?

Los peones de las obras cobran casi igual que un oficial de Segunda, aunque no tengan puta idea de nada. ¿Necesita la construcción tan poca cualificación en comparación con la abogacía?

Es gracioso recordar antes de la crisis que se quejaban los políticos y los medios de comunicación que los jóvenes preferían ir a la hostelería o a la construcción, estudiar nada y correr en dirección opuesta a la Universidad.

Normal.

Nada, los jóvenes a estudiar inglés que tenemos que entender bien a los ingleses porque a lo mejor, entre balconing y balconing, les entra sed, y quieren que les sirvamos una Cocacola.

Existe un futuro mejor con trabajo y esfuerzo.
Nadie regala nada.
Cambiar tu vida depende de ti.
Cambiar la sociedad depende de todos.

Ser joven no es un perjuicio como te intentan vender.

Es un beneficio, una ventaja.

En ti está cambiar el rumbo de la profesión, a mejor o a peor.

Tú eres el futuro, y visto lo que endurecen la profesión con másters, exámenes…parece que el presente deja mucho que desear.

“Los abogados no tienen tatuajes” “los abogados van de traje” los abogados…

Los abogados hicieron hasta ahora lo que pudieron, supieron o quisieron.

Ahora nosotros somos la abogacia.

En un porcentaje, por ahora.

En el futuro en su totalidad.

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1 Comment

  1. TENER UN CAMINO NO ES LO MISMO QUE PODER CAMINAR. «NECESITAMOS…» DICEN, muy bien y mucho si es con sensata orientación. Pero reflexionemos en una cosa: «qué ayuda de verdad a España» no es lo mismo que «qué puede ayudar de verdad a España». Y para comprenderlo hay que reflexionar lo mismo en el siguiente símil: «qué ayuda de verdad a los pobres» no es lo mismo que «qué puede ayudar de verdad a los pobres». La primera afirmación se refiere a lo que pasa (sin llegar a una solución) y la segunda a lo que no pasa por dejadez pero, si ya pasara al fin, es lo que da una solución. ¡Pues eso es todo!, lo que debería pasar (y es la solución) es más responsabilidad y menos corrupción, menos promesas (o politiqueo transnochado) y más ejemplaridad, más acuerdos y menos idealismos que no llegan a nada, más inversiones sociales, más protección a los más débiles, más transparencias en lo socialmente necesario y menos derroches en lo gobernativamente innecesario. Basta ya.

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