La Odisea del Open Arms

Autor: Jurista Enloquecido

Equipo formado por Abel Gende del Río y Adrián Fernández García

Contaba el poeta Homero que el héroe Ulises, en su agónica vuelta a casa tras la guerra de Troya, se vio obligado a cruzar en cierta ocasión por el estrecho de Mesina, donde esperaban Escila y Caribdis. Caribdis era un remolino de enormes proporciones, que podría engullir el navío del heleno. Escila un monstruo de seis cabezas que devoraría a seis de los marineros que en el barco se encontrasen. Irremediablemente para pasar por dicho lugar habría de sufrirse una de las calamidades. No había opción buena, pero parecía más sensato acercarse a Escila y perder a seis hombres que hacerlo a Caribdis para que el remolino engullese a la nave con toda su tripulación.

Algo más al sur, el buque Open Arms, de la ONG española Proactiva Open Arms, y con pabellón también del país ibérico, se encontró durante tres semanas en una situación muy similar. El navío realizó tres rescates en el Mediterráneo central para salvar a un total de 163 migrantes, 124 en dos sucesivos realizados el primero de agosto y 39 más diez días después en aguas maltesas. Solicitó un puerto seguro donde atracar a fin de desembarcar a las más de 150 personas rescatadas. En la zona donde realizó los rescates, los puertos seguros más cercanos eran los de Italia y Malta. No puede considerarse que Libia pudiera haber ofrecido uno, pues la antigua colonia italiana está sufriendo una cruenta guerra civil. Tampoco Túnez, pues no existe, por la falta de regulación, la tutela judicial efectiva necesaria para garantizar el tratamiento y cuidado conforme al Derecho internacional que los refugiados que pudiera haber en el barco necesitan. Las opciones eran o Italia, o Malta.

La Valeta solo aceptó recoger a los últimos rescatados, por considerar que solo estaban obligados a acogerlos a ellos. La ONG se encontró ante la primera disyuntiva. 121 migrantes (el Gobierno de Italia permitió desembarcar a 3 en situación de riesgo) llevaban ya más de diez días en mar abierto, y ver como los recién llegados eran recogidos por la marina de Malta hubiera terminado por encolerizar a los hacinados, asustados y crispados ocupantes del barco. Mantener a todos los refugiados a bordo, pudiendo salvar a 39… O dejar a 39 a cargo de Malta arriesgando la seguridad en cubierta. Escila o Caribdis.

Se optó por quedarse a todos los inmigrantes y buscar una solución conjunta.

Roma tenía un gobierno al principio de esta crisis migratoria. Ya no lo tiene. El engendro bicéfalo formado por Di Maio, del Movimento 5 Stelle y Salvini, de la Lega Nord, eran los vicepresidentes de Italia, líderes de sus respectivos partidos. Conte, el primer ministro, era el independiente sentado en lo alto del frágil castillo de naipes en que consistía este gobierno contra natura. Salvini ha utilizado este tiempo en el que se encargaba de la cartera de Interior, lo que le ha dado un papel preeminente en la política migratoria, para llevar a cabo una serie de medidas populistas en torno a este fenómeno, cerrando puertos y acusando a ONGs como Open Arms de criminales.

Por supuesto negó el acceso al puerto de Lampedusa, la pequeña isla italiana cercana a la costa continental africana. Pero el Tribunal Administrativo Regional del Lacio permitió entrar al navío en aguas italianas, para facilitar las labores de rescate de los migrantes que se encontrasen en estado de necesidad. Decenas de ellos (enfermos, menores, embarazadas) fueron desembarcados en el puerto de Lampedusa. Aún así, más de cien personas permanecieron en el barco.

Roma dejó a sus puertas a unos cien inmigrantes desamparados, muchos de los cuales tendrían derecho a reclamar asilo o protección subsidiaria. Por el estado de necesidad en el que se encontraban, con peligro de muerte, debían ser rescatados y llevados a puerto seguro por el buque que los encontrase, en este caso el Open Arms, conforme al artículo 98 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, relativo al deber de socorro. Por lo tanto los ejercicios de salvamento del barco fueron realizados conforme a Derecho.

Una vez allí, y dado que según la Convención de Ginebra de 1951, de la que Italia fue parte (también del Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados de 1967), algunos de ellos son refugiados o podrían serlo, el Estado italiano habría de otorgarle el asilo que el Derecho internacional suscrito les compele a ofrecer.

Esta convención define quién es refugiado en su artículo 1:

Una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular, se encuentra fuera de su país de nacimiento y es incapaz, o, debido a tal miedo, no está dispuesto a servirse de la protección de aquel país; o de quien, por no tener nacionalidad y estar fuera del país de su antigua residencia habitual como resultado de tales eventos, es incapaz, debido a tal miedo, de estar dispuesto a volver a éste.

Entre otras zonas susceptibles de ser emisoras de refugiados, algunos de los migrantes embarcados provienen de Siria, país que atraviesa una guerra civil. Muchos, en su tránsito, residían en Libia que, como se ha dicho, también sufre una guerra civil.

A pesar se su obligación de ofrecer un puerto seguro, Italia cerró los suyos al navío de la ONG. No solo eso, recientemente ha entrado en vigor en Italia un decreto impulsado por Salvini, el Decreto-Legge 14 giugno 2019, n.53, que está parcialmente pensado para dificultar las actividades de las ONGs que rescaten inmigrantes en el Mediterráneo. Para ciertos casos se preveen multas de hasta un millón de euros.

Volvió a encontrarse el Open Arms en otro dilema. Dirigirse al cercano puerto italiano de Lampedusa y pedir a Roma que permita desembarcar a los rescatados tal y como el Derecho internacional exige, aún arriesgándose a encontrarse con una negativa o incluso enfrentarse a esas posibles sanciones que podrían imposibilitar la labor de la ONG… O buscar un puerto seguro en otro lugar más lejano, con el más que grave riesgo que para la seguridad de los inmigrantes y toda la tripulación que ello conllevaría. Escila o Caribdis.

Proactiva Open Arms decidió acercarse a las aguas italianas, esperando poder atracar en el muelle o evacuar a los rescatados. Y lo cierto es que decenas de ellos (enfermos, menores, embarazadas) fueron desembarcados en el puerto de Lampedusa. Pero sobre cien personas permanecieron en el barco.

Entonces Madrid ofertó al navío de la ONG, con pabellón español, la posibilidad de desembarcar a los inmigrantes en un puerto nacional. España es también parte de la Convención de Ginebra y del Estatuto de los Refugiados. La Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, en relación con dichos tratados, articula dicha protección.

Primero se planteó el puerto de Algeciras. Era un viaje muy largo, y parte de los rescatados, psicológicamente muy afectados por el largo tiempo pasado en precarias condiciones de hacinamiento en el buque, empezaba a tomar medidas desesperadas. Algunos decidieron saltar por la borda para tratar de alcanzar la isla de Lampedusa a nado, poniendo en grave peligro su vida. En esta tesitura, un viaje de tantos días era inviable. El Gobierno de España ofreció el mucho más cercano puerto de Mahón. Un viaje aún largo, con una situación insostenible en cubierta, donde los migrantes esperaban desesperados… O permanecer a la espera, al lado de un puerto seguro pero cerrado, sin saber por cuánto tiempo más, ni si podrían garantizar la seguridad de los refugiados. Escila o Caribdis.

La nave se quedó allí, pues el riesgo de la travesía era mucho. Mayor que la incertidumbre de permanecer al lado de Lampedusa y su muelle inaccesible.

Entonces España optó por enviar un buque de la Armada. Mientras se esperaba al navío de la marina española, y mientras más inmigrantes optaban por lanzarse al mar para llegar a Lampedusa, el fiscal de Agrigento (Sicilia), Luigi Patronaggio visitó el Open Arms. Tras ello ordenó que se incautase el barco y se produjese el desembarco de los migrantes que todavía esperaban en la embarcación. Terminaban así los angustiosos veinte días de encierro para los refugiados rescatados por Proactiva Open Arms.

Por si fuera poco, ahora el mentado fiscal investiga la comisión durante esta crisis migratoria del delito recogido en el artículo 328 del Codice Penale, código penal italiano.

Castiga con pena de prisión de seis meses a dos años a “el funcionario público o la persona a cargo de un servicio público, que rechaza indebidamente un acto de su cargo que, por razones de justicia o seguridad pública, o por orden público o higiene y salud, debe completarse sin demora…”.

Está por ver a donde llega esta investigación y si podría afectar a Salvini por su condición de Ministro de Interior con la potestad de cerrar los puertos.

Nadie completa una odisea impunemente. Ulises no logró cruzar el estrecho sin sacrificios, pues Escila devoró a seis de los guerreros que acompañaban al héroe. Proactiva Open Arms podría enfrentarse a la justicia española y a la italiana, que de momento ha incautado su barco.

En cuanto a nuestro país, el navío español partió sin permiso para realizar misiones de búsqueda y rescate, lo que podría acarrear la pérdida del título del capitán y una cuantiosa multa de hasta 900.000 euros.

Además, Santiago Abascal, líder de VOX, ya ha anunciado que su formación ha denunciado a la ONG por la comisión del delito recogido en el artículo 570 bis del Código Penal, es decir por cooperar con organizaciones criminales:

“Quienes promovieren, constituyeren, organizaren, coordinaren o dirigieren una organización criminal serán castigados con la pena de prisión de cuatro a ocho años si aquélla tuviere por finalidad u objeto la comisión de delitos graves, y con la pena de prisión de tres a seis años en los demás casos; y quienes participaren activamente en la organización, formaren parte de ella o cooperaren económicamente o de cualquier otro modo con la misma serán castigados con las penas de prisión de dos a cinco años si tuviere como fin la comisión de delitos graves, y con la pena de prisión de uno a tres años en los demás casos”.

Dicha denuncia está siendo revisada por la fiscalía, para valorar si se ha cometido dicho delito antes de comenzar el procedimiento penal (o archivar la denuncia).

Prospere o no la denuncia, o tenga o no lo sucedido las consecuencias administrativas antes mentadas, es seguro que gracias a la labor del Open Arms, a las difíciles pero acertadas decisiones tomadas, y a la perseverancia de la ONG en su empeño porque los diferentes países europeos intervinientes cumpliesen con su obligación para con los tratados firmados, hoy 163 seres humanos están vivos y seguros, y no han perecido en las aguas del Mediterráneo.

A pesar de Escila y Caribdis.

 


 

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