Cristóbal Colón, el rey de la ocupación res nullius

Antes de contaros esta magnífica historia que nunca pasó pero que podría haber pasado, os hago una pregunta: ¿Por qué tenéis tan claro que esto no es lo que realmente pasó? ¿Acaso habéis vivido en el siglo XV? ¿Qué autoridad tenéis para desmentir o dudar de los hechos históricos que me estoy inventando ahora sobre la marcha? ¡NINGUNA!

Pero bueno, cada cual con su conciencia. Comencemos pues con esta fabulosa historia:

Cristóbal Colón era un naviero inscrito en el Registro Mercantil (sí, un naviero escrito en el RM, fascinante). Cansado de adquirir las cosas por traditio, ideó un plan: presentarse a una licitación pública organizada por los Reyes Católicos.

Como no cumplía los requisitos de solvencia (sus naves estaban embargadas por la AEAT) quiso darle una dádiva a los Reyes Católicos, y lejos de caer en cohecho, el regalo fue tan suculento que surtió efecto: les regaló a un menor emancipado.

Toda la Corte quedó perpleja al ver a aquel ser: no alcanzaba la mayoría de edad pero tenía una capacidad de obrar nunca antes vista, tanta, que incluso lo nombraron administrador del Reino. Y aquí empezó la aventura de Cristóbal Colón. 

Primero contrató a 50 valientes, pero como solo buscaba varones, pronto lo denunciaron por discriminación por razón de sexo en las entrevistas.

Después de estas y otras demandas por no cumplir la normativa de prevención de riesgos laborales en los navíos… partieron.

Al ver lo que parecía ser «terra nullius» se empezó a imaginar a sí mismo como propietario de aquel basto fundo: se quedaría la mitad de él y la otra se la daría a uno de sus oficiales, así habría un fundo ajeno en el que perseguir a un futuro enjambre.

Pero, a medida que se fue acercando a la finca por mar, empezó a pensar que seguramente todo estaría afectado por la ley de costas, y que los terrenos del interior eran demasiado frondosos como para no ser rústicos de protección forestal. ¡No había posibilidad constructiva!

Pero se lanzó a ocupar ahora que ya estaba metido en el problema (me imagino que eso es lo que también pensaría Jesús Gil), primero en calidad de res nullius, después de res derelicta al ver que los terrenos ya habían sido ocupados con anterioridad… y pronto se topó con gente y acabó ocupando res hostiles.

Cuando fue propietario de todo aquel terreno rústico, esperó por su reclasificación a suelo urbano…pero nunca llegó. Lo que sí pudo fue perseguir abejas.

Y por eso hoy en día en muchas ciudades españolas se conservan en rotondas esculturas del pobre Cristóbal Colón señalando su finca para que el ayuntamiento se apiade de él y le cambie la clasificación a suelo urbano.

 

TRISTE DESTINO EL DE CRISTÓBAL

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