El informe en el juicio oral: oratoria, retórica y derecho

¿Cómo hacer un informe oral con éxito?

 

Tras la práctica de la prueba en el proceso penal, llega uno de los momentos más difíciles del juicio oral: el informe. Os dejamos con una columna del abogado penalista Juan Gonzalo Ospina sobre el informe oral.

 

La gran mayoría de nosotros nos hemos preguntado a lo largo de nuestro desempeño profesional y cotidiano: ¿cuál debe ser el método ideal para realizar un buen informe para las conclusiones del juicio oral? Las opiniones son variadas y cada abogado tiene sus trucos, manías y consejos por ofrecer.

En nuestro despacho tratamos de ser metódicos, a la par que meticulosos, a la hora de redactar el informe. Aquí os dejamos algunas ideas que nos han servido para respaldar nuestros casos penales. 

El primer consejo que no debemos nunca de olvidar es: comunica.

De nada sirve repetir todas aquellas muletillas y tópicos que el juez espera escuchar de ti: “pido la libre absolución; no hay prueba de cargo…”  nihil novum sub sole, que dirían algunos. Lo más seguro es que hayas deseado la absolución en el escrito de defensa y, posiblemente, tras las sesiones del juicio oral, testificales, periciales, etc, quede patente que existe prueba de cargo. Tal vez no sea suficiente, pero sí que se ha practicado, por lo que no es oportuno generalizar.

Del mismo modo, cuando me refiero a «comunicar» lo hago a la necesidad de recordar que estás hablándole a un juez. Un juez cuya resolución tendrá que estar enmarcada en la ley y será supervisada por el tribunal superior, y así sucesivamente; por ello, sin arrogancia, sin fervor y siempre con mucha educación, mi consejo sería «explícale al juez» por qué consideras que tu cliente tiene que quedar absuelto o condenado y a qué pena.

Leer, mantener un tono unísono o repetir frases no ayuda a comunicar. ¿Acaso cuando estás en una conversación con amigos te expresas así? Si no transmitimos, entramos en el terreno de lo espeso, lo oscuro y lo estéril, con mucha probabilidad de no obtener el resultado esperado.

El segundo consejo que me gustaría ofrecerte sería que intentes sintetizar y esquematizar tu informe lo máximo posible. Es decir, procura seguir un orden lógico y comunicárselo a su señoría. Por ello, comenzar explicando, por ejemplo, cómo vas a dividir el informe en un juicio largo y denso, puede ayudar para mantener la atención del juzgador: es una cuestión de armonía. «Señoría, mi informe va a consistir en tres bloques: los derechos fundamentales vulnerados, la valoración de la prueba y la posible calificación jurídica de los hechos…”.

El tercer consejo es realizar una correcta valoración de la prueba. Esto es, no reiteres lo que tú quieras oír, sino aquello que objetivamente y de la manera más imparcial busca la verdad de lo sucedido.

Todos hemos estado presentes en el juicio oral. Si la declaración de una víctima es radicalmente confusa, no defiendas con uñas y dientes que es una declaración persistente y sin contradicciones. ¿Acaso no estabas despierto cuando declaró?

Sin embargo, tampoco tomes la posición del juzgador, pues no es nuestro cometido. No invadas sus competencias: valora, destaca, analiza aquellos aspectos que te llaman la atención y corroboran tu línea de defensa.

Por último y no por ello menos importante, debemos recordar que somos abogados. Nuestra función consiste en aplicar la ley y el Derecho. ¿Qué calificación jurídica tienen los hechos?; ¿cumplen los elementos del tipo penal y el dolo? Y en su caso, ¿qué pena merecería la conducta?

Aun así, recuerda no repetir reiteradamente jurisprudencia que no aplica al caso (e inclusive), que no sea cierta. Si vas a reproducir sentencias, has de ser muy claro en el motivo de dicha reproducción, el número de resolución, fecha y ponente. Y, lo más importante, ¿esa sentencia absolvió, condenó, revisó en casación o concedió un amparo…? y su por qué.

Resulta difícil de explicar en una única columna las claves de un buen informe oral, cuando es una de las partes del procedimiento que más años nos llevará en perfeccionar. Únicamente la edad y la experiencia servirá para pulir los defectos y ensanchar nuestros horizontes, nuestra ambición y, por encima de todo, nuestra eficacia.

De esta forma, la preparación del caso, el estudio de la ley, el trato cordial, respetuoso y de buena fe con el tribunal, fiscal y abogado contrario, nos permitirá empatizar con las partes y poder actuar de forma más centrada en lo que nos incumbre: la defensa de los derechos, la aplicación proporcional de la ley y la búsqueda de lo justo para nuestro cliente.

“Se pueden ganar y perder juicios, pero no podemos permitirnos pensar que lo podríamos haber hecho mejor.” Es una regla de oro, por no decir de platino. Retenla.

 

Juan Gonzalo Ospina 

Abogado Penalista 

 

 

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