¿Sirve un emoticono en WhatsApp como prueba judicial?

Mucho se ha hablado de la validez y eficacia probatoria de los pantallazos o capturas de conversaciones de WhatsApp como prueba en un procedimiento judicial.

Sin embargo, a nadie se le escapa que, dentro de una conversación de WhatsApp, se intercalan palabras y frases del lenguaje convencional, con los famosos “emoticonos”, definidos por el Diccionario de la RAE como “representación de una expresión facial que se utiliza en mensajes electrónicos para eludir el estado de ánimo del remitente”.

 

Ello nos lleva a preguntarnos, ¿Qué trascendencia jurídica puede tener uno de estos divertidos “dibujitos”?

Una reciente Sentencia de la Audiencia Provincial de Valladolid (Sección 1ª) de 8 de noviembre de 2018 determinó que un “emoticón” de puño con pulgar hacia arriba enviado por el demandado (arrendatario) en contestación a liquidación de cuentas enviada por el actor (arrendador) equivale a una expresión de conformidad al mensaje del actor que le detalla las horas totales trabajadas con la máquina arrendada.

Sin embargo, hemos de tener en cuenta que no es el emoticono – recogido en las conversaciones de WhatsApp aportadas mediante acta notarial – por si solo considerado el que lleva al Tribunal a la conclusión, sino que “existen en los autos otros elementos de prueba que acreditan que las horas reclamadas por el actor son las correctas y que han sido aceptadas por el arrendatario por otros actos además de por el emoticono de puño con pulgar hacia arriba”. 

En esta ocasión, el Juzgador de instancia había rechazado o negado trascendencia alguna al emoticono por considerar que se trata de un medio de comunicación de carácter informal que se utiliza a veces de forma poco meditada.

Sin embargo, la Audiencia Provincial reprocha al órgano de instancia que lo que éste “califica de acto informal de aceptación del número de las horas afirmadas por el actor” no puede desvincularse “del contexto de las conversaciones mantenidas por ambos litigantes referidas al número de horas de la máquina”, debiendo concluirse que “el emoticono es la consecuencia de otras conversaciones anteriores en las que van especificando el número de horas trabajadas con la máquina a las que el demandado no pone ninguna objeción, por lo que la inferencia lógica es que las acepta lo que se culmina con el emoticono con el que da su conformidad al mensaje del actor” que le detalla las horas las totales trabajadas. 

Por lo tanto, tal y como nos recordaba la Sentencia del TSJ de Catalunya de 16 de octubre de 2015, “las nuevas tecnologías nos obligan a valorar como medios de prueba elementos que no han podido ser tenidos en cuenta por la legislación procesal, pero que en atención a cuanto establece el  artículo 3.1  del  Código Civil , deben aceptarse como válidos, al responder a la realidad social de nuestro tiempo”.

Como dice la Exposición de Motivos del polémico Real Decreto-Ley 14/2019, “La sociedad actual requiere de adaptaciones en la esfera digital que exigen de una traducción en el plano normativo”, y mientras estas traducciones no lleguen, los tribunales deben interpretar el acerbo probatorio conforme a la realidad social actual, lo que conlleva valorar las nuevas formas de comunicación.

 

¿Significa ello que un pulgar hacia arriba signifique en todo caso la aceptación de unas condiciones contractuales?

Ni mucho menos. Estamos ante una “prueba de soportes o instrumentos” del artículo 299.2, 384 y concordantes de la LEC y, como tales, podrán venir acompañados de otros medios de prueba convencionales (documental, testifical, pericial, etc.) y en todo caso, serán valorados por el Juzgador “conforme a las reglas de sana crítica aplicables a aquéllos según su naturaleza.”

 

¿Y hay más casos?

Sí, también tiene incidencia en procedimientos penales. En 2015, la SAP de Barcelona absolvía a un hombre acusado de un delito de amenazas gracias al mismo «emoji» de arriba: un dedo pulgar hacia arriba. Resulta que había enviado un mensaje y al final aparecía este curioso y, por lo que vemos, polémico dibujito. Al final fue absuelto porque el dedo pulgar ofrecía dudas sobre la interpretación del mensaje: in dubio pro reo.

Por otra parte, la AP de Baleares decía en una sentencia de 2018 que los estados de WhatsApp con emoticonos eran muy elocuentes e ilustrativos y que, en el caso enjuiciado, el objetivo era «atemorizar a la denunciante». 


 

AUTOR:

PERE VIDAL. (Le podéis seguir en Instagram o en Twitter)

Abogado laboralista y Profesor de D° Laboral en la Universitat Oberta de Catalunya.

Licenciado en Derecho y Master en Derecho del Trabajo por ESADE. Desarrolló su carrera profesional en Baker & McKenzie (2007-2013) y PwC Tax & Legal (2013-2018). Actualmente en Augusta Abogados, despacho al que se incorporó en 2018.

Es autor o co-autor de múltiples obras y publicaciones jurídicas especializadas en el Derecho del Trabajo y Vocal del Grupo de Abogados Jóvenes del Ilustre Colegio de Barcelona.Abogado laboralista y Profesor de D° Laboral en la Universitat Oberta.

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…

Be the first to comment

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*