Los jueces SÍ escuchamos (y creemos) a las víctimas de violencia sexual. Una radiografía del caso de los jugadores del Arandina.

Autor: Carlos Viader Castro

Leída la Sentencia de los jugadores del equipo de fútbol Arandina, resulta que el caso tiene escalofriantes similitudes con el de La Manada de los sanfermines, en el que el medio que emplearon los acusados para atentar contra la libertad sexual de la víctima fue la denominada “intimidación ambiental”.

La Sentencia ha sido dictada por la Audiencia Provincial de Burgos (en atención a la gravedad de los hechos, los mismos, según la LECRIM, deben ser juzgados en primera instancia en sede de audiencia), y actualmente no es firme, siendo recurrible en apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

Hasta la reforma operada en nuestro Código Penal por parte de la Ley Orgánica 1/2015, entrada en vigor el 1 de julio de 2015, la edad de consentimiento sexual en España era de las más bajas del mundo, 13 años. La reforma implicó incrementarla hasta los 16, edad de consentimiento sexual de países de nuestro entorno como Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos o Noruega.

Por debajo de dicha edad, el consentimiento libremente otorgado por la víctima menor no tiene virtualidad alguna, es decir, que es equivalente a la ausencia del mismo, salvo en el caso de que la persona con la que mantenga las relaciones sexuales sea próxima a ella por edad y grado de desarrollo o madurez (artículo 183 quater del Código Penal, introducido por la reforma).

En el caso de los jugadores del Arandina, sin embargo, ni hubo consentimiento libremente manifestado, ni tampoco los autores son próximos a la víctima, a la que llamaremos Eva, en madurez y desarrollo.

Estos son los hechos penalmente relevantes recogidos en la Sentencia:

Que estando solamente en el salón la menor Eva, y los tres acusados, los cuales eran conocedores de su minoría de edad y en concreto que tenía quince años, alguno de ellos apagó todas las luces de la estancia, se desnudaron, ante lo cual Eva fue al baño, regresando con posterioridad y sentándose en una esquina del sofá, los acusados procedieron  a desnudarla quitándole la ropa, salvo las bragas, ella se cruzó de brazos y no supo cómo reaccionar, quedándose paralizada, procediendo los acusados a cogerla las manos para que les masturbase, y posteriormente sujetándole la cabeza para que les hiciera una felación, a cada uno de ellos, llegando uno (sin determinar) a eyacular en la boca de la menor, ante lo cual, y sintiendo asco fue al baño que se encontraba al final de pasillo para escupir”.

Los magistrados, de este modo, dan por acreditada íntegramente la versión dada por Eva, creyendo por completo su relato de los hechos, al darse los requisitos jurisprudenciales para que la versión dada por la víctima sea suficiente para enervar la presunción de inocencia:

  1. Eva no tenía motivos para perjudicar a los acusados, por lo que deben descartarse motivos espurios en su declaración.
  2. Su versión está respaldada por los testigos de referencia (a su círculo más íntimo familiar les contó la misma versión de los hechos que mantuvo en el plenario), y por los informe psicológicos, que objetivaron episodios de ansiedad, insomnio y crisis de ansiedad que guardaban relación de causalidad con la agresión sexual;
  3. La declaración de Eva ha sido coherente en lo declarado en sede policial, de instrucción y de juicio oral.

La Audiencia concluye que los hechos se subsumen en el artículo 183.2, 3 y 4b, al tratarse de un delito de agresión sexual con acceso carnal por vía bucal que ha sido cometido por la actuación conjunta de tres personas sobre una menor de 15 años, apreciando en cada uno de ellos tres delitos: uno en calidad de autor, y otros dos de cooperador necesario en la comisión de los delitos ejecutados por los otros dos acusados.

La sentencia es contundente al dar por probado que los acusados sabían que Eva tenía quince años: ella misma se lo había dicho; iba vestida de uniforme; y la madre de Eva así se lo había comentado a los acusados un día que se encontraron en un bar.

Así, el artículo 183.1, que recoge el tipo básico, dispone que El que realizare actos de carácter sexual con un menor de dieciséis años, será castigado como responsable de abuso sexual a un menor con la pena de prisión de dos a seis años, siendo necesario aquí destacar, como adelantábamos, que el Código Penal no hace referencia en ningún punto a la ausencia de consentimiento prestado por la víctima, ya que dicho consentimiento, y a excepción del supuesto ya citado, es en todo caso nulo.

Reza el segundo apartado que Cuando los hechos se cometan empleando violencia o intimidación, el responsable será castigado por el delito de agresión sexual a un menor con la pena de cinco a diez años de prisión, ocurriendo que en este caso la Audiencia aprecia la concurrencia de intimidación calificada como de ambiental (como la sufrida por la víctima de la Manada de los sanfermines), la cual fue propiciada por los acusados al reunirse, teniendo mayor edad y complexión, entorno a Eva, quitándole la ropa y apagando la luz, lo que le dejó paralizada, para después sujetarle la cabeza para acercarla a sus penes y así les practicase una felación.

Es precisamente por la naturaleza del acto sexual que los acusados obligaron a cometer a Eva, que debe aplicarse el apartado tercero del 183: Cuando el ataque consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado con la pena de prisión de ocho a doce años, en el caso del apartado 1, y con la pena de doce a quince años, en el caso del apartado 2.

Por otra parte, al haberse cometido el delito por la actuación conjunta de tres personas debe apreciarse la agravante específica prevista en la letra B del apartado cuarto del 183, que implica que la pena habrá de imponerse en su mitad superior.

Cada uno de los tres acusados es condenado en calidad de autor por la felación que obligaron cada uno de ellos a Eva a hacerles, pero también como cooperadores necesarios por las felaciones que recibieron los otros dos en su presencia. Y es cooperación necesaria porque la intimidación ambiental se mantuvo todo el episodio de violencia sexual porque los tres acusados estuvieron asimismo todo el tiempo presentes, siendo dicha presencia conjunta y continuada necesaria para crear la intimidación lo que ha permitido calificar los hechos como agresión en vez de abuso sexual.

Por los delitos cometidos como autores, se les impone 14 años de prisión, y por cada uno de los dos delitos acometidos como cooperadores necesarios 12 años, lo que hace un total de 38, si bien el cumplimiento efectivo máximo no podrá sobrepasar los 20 años, de acuerdo al artículo 76 del Código Penal.

Esta Sentencia demuestra, una vez más, que, en España, dándose determinados requisitos, a las víctimas de delitos de violencia sexual se les escucha y se les cree: en este caso, en otros de enorme repercusión mediática (Manada de Manresa y Manada de los sanfermines) y en otros muchos anónimos que no han recibido atención pública. Cuando alguna voz, nuevamente, ante una sentencia absolutoria, descalifique a los jueces y magistrados españoles por machistas y retrógrados, afirmando que imparten una justicia patriarcal, que recuerde que han sido esos mismos jueces y magistrados los que, en otros casos, han condenado a decenas de años de prisión a hombres por atentar contra la libertad sexual de una mujer, cuando la prueba esencial (y prácticamente única) del caso era su declaración.

Así, si en un caso concreto se absuelve, será porque las pruebas de cargo no eran suficientes, pero ha quedado más que verificado por los últimos casos mediáticos de violencia sexual que nunca se habrá optado por la absolución por prejuicios machistas en contra de la víctima.

 


 

Puedes leer aquí la sentencia completa

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