MENTIR EN CAUSA PENAL

Es de gran interés que presenta la cuestión de falsear un testimonio en causa judicial. Tal vez por el sentido de Iustitia que todo Jurista lleva en su interior o tal vez por la indignación que produce ver como se corrompe el sistema a través de esos falaces testimonios, y que en gran número de ocasiones da lugar a injusticias y que en el orden penal alcanzan su máxima expresión.

Expongo el problema en cuestión para seguidamente exponer las consecuencias que se debieran dar y las que se dan en la realidad, para concluir con una invitación a la reflexión de los lectores.

Sucede en la praxis que muchos abogados, para refutar sus pretensiones, usan testigos falsos, todo ello con absoluto descaro y con lógica presunción de impunidad, ahora veremos la ratio. Es un mal que afecta a todos los órdenes y a todo tipo de procedimientos. Como relato personal, debo de contarles que me produjo cierto estupor el ver cómo en varios juicios se producían con total descaro falsos testimonios, los propios abogados usaban testigos instrumentales en definitiva.

Nuestro Código Penal tipifica en el artículo 458 y siguientes  el delito de falso testimonio. Por tanto, a priori parece que contaríamos con una protección contra esos testigos mendaces. El proceder sería el siguiente, el abogado de la parte contraria al testigo supuestamente mendaz, solicita del Juez que se libre testimonio de la declaración del testigo y se dé traslado al Juzgado de Guardia. Me apoyo en esta ocasión en el artículo 259 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para reforzar ese falso sentimiento de protección de nuestro Ius puniendi contra los falsos testimonios.

Sin embargo nada más lejos de la realidad, el falso testimonio es una práctica cada vez más frecuente en nuestros juzgados y tribunales y que, salvo honrosas ocasiones, el Juez no acepta que se persigan estos delitos, que por decirlo en palabras llanas, se producen en las narices de jueces y fiscales (cuando su presencia es preceptiva).

Realmente esto me lleva a dos conclusiones, por un lado tremendamente reprochable, la actitud de los testigos que se prestan a cometer falso testimonio. Pero más reprochable, si cabe, es la actitud de ciertos abogados (sin quitarle un ápice de responsabilidad a los jueces) que,  a través del juego sucio, llevan a cabo estas prácticas tan deshonrosas para la profesión, en definitiva, el todo vale para ganar un juicio. La solución parece sencilla, que se persiga duramente a los falsos testigos y por supuesto a los abogados, como mínimo por inductores.

 


 

AUTOR

José María Limones Gómez

 

Se graduó en Derecho por la Universidad Hispalense en el año 2019, fue delegado de curso durante 3 años y resultó elegido por su promoción para pronunciar el discurso de Fin de Carerra.

Debido a su expediente académico se le ofrecieron prácticas profesionales en su último año por un profesor del Departamento de Derecho Mercantil. Cuenta con una decena de cartas de recomendación de profesores de todas las ramas del Derecho.

Actualmente cursa el Máster en Derecho Penal por la Universidad de Sevilla bajo la dirección del catedrático Borja Mapelli Caffarena con vistas al doctorado. También ejerce la pasantía en un despacho de la capital. Su pasión es el Derecho Penal y muy en particular el Derecho Penitenciario.

 

SUS REDES:

 https://instagram.com/limones.97?igshid=35x82cwysaed

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos, promedio: 4,00 de 5)
Cargando…

1 Comment

  1. Me me parece muy acertada tu entrada. Comparto tu estupor por la práctica tal cual la explicas. Siendo antijurídico el hecho, todavía más reprobable cuando se hace por personas de relevancia pública, cómo hemos visto recientemente en uno de los juicios en dónde han intervenido los partidos políticos. Porqué ello hace, a mi entender, una desmejora de la sociedad y de sus reglas.

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*