¿Te casas? Elige tu régimen económico matrimonial.

Carolina López

Autor: Carolina López

Según los datos publicados en el INE hasta el momento, en 2018 se celebraron en España 167.613 matrimonios y se produjeron 95.254 divorcios. Si tenemos en cuenta que la duración media de un matrimonio en España es de 17 años, este artículo te interesa.

Tan importante como contratar a un wedding planner es decidir sobre el régimen matrimonial que mejor se adapta a cada situación familiar.

En España, los dos regímenes matrimoniales más habituales son la sociedad de gananciales y la separación de bienes.

SOCIEDAD DE GANANCIALES (art. 1344 y siguientes del Código Civil)

Es el régimen económico a falta de capitulaciones. En la mayoría de las Comunidades Autónomas, si los cónyuges no expresan en escritura pública ante notario su voluntad de cambiar de régimen económico, automáticamente el matrimonio se regirá por la normativa de sociedad de gananciales.

En general, se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos, que les serán atribuidos por mitad en caso de divorcio.

Una vez constituido el matrimonio, ya sea civil o religioso, los cónyuges serán propietarios individualmente de sus bienes privativos, por lo que su titularidad no será compartida con el otro cónyuge. Estos bienes son, entre otros: a) los bienes y derechos que les pertenecieran al comenzar la sociedad, b) los adquiridos después a título gratuito (donación o herencia), c) los adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos (indemnizaciones), d) los inherentes a la persona y no transmisibles inter vivos (derechos de autor de obras intelectuales, derechos de imagen, daños al honor), la ropa y objetos de uso personal que no sean de extraordinario valor y los instrumentos necesarios para el ejercicio de una profesión u oficio.

Por su parte, serán bienes gananciales, entre otros, a) los obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges (rendimientos del trabajo), b) las rentas del capital privativo o ganancial, c) los adquiridos a título oneroso a costa del caudal común y d) las empresas y establecimientos fundados durante la vigencia de la sociedad por cualquiera de los cónyuges a expensas de los bienes comunes.

En cuanto a las cargas, estas son a) los gastos destinados al sostenimiento de la familia, alimentación y educación de los hijos, b) la adquisición, tenencia y disfrute de bienes comunes, c) la administración ordinaria de los bienes privativos y d) explotación regular de negocios o desempeño de profesión, arte u oficio de cada cónyuge, entre otros.

En caso de deudas, como por ejemplo un préstamo bancario, si surgen para el levantamiento de las cargas familiares la regla general es que responden el deudor, los bienes comunes solidariamente y el otro cónyuge subsidiariamente. Si no es para el levantamiento de las cargas familiares, responde cada cónyuge con su patrimonio de las deudas propias, pero si no es suficiente para suplir la deuda, el acreedor puede dirigirse contra los bienes gananciales.

 

SEPARACIÓN DE BIENES (art. 1435 y siguientes del Código Civil)

Es el régimen legal, a falta de pacto, en Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana, Navarra, Vizcaya y Aragón. En el resto de España existirá entre los cónyuges cuando lo pacten expresamente. En general, pertenecerán a cada cónyuge los bienes que tuviese al iniciarse el matrimonio y los que después adquiera por cualquier título. En cuanto a la administración, cada uno dispone de lo suyo como quiera y cada cónyuge responde con su patrimonio de las deudas que contraiga.  A falta de acuerdo (expreso o tácito) contribuirán al sostenimiento de las cargas familiares (alimentación, sustento, asistencia médica, educación de los hijos) proporcionalmente a sus respectivos recursos económicos (capital, renta, trabajo o industria).  El trabajo para la casa será computado como contribución a las cargas, y dará derecho a obtener una compensación que el Juez señalará, a falta de acuerdo, a la extinción del régimen de separación. Sin embargo, responden ambos cónyuges de las deudas contraídas por uno de los cónyuges para hacer frente a las cargas familiares.

De esta manera, no existe un fondo común, sino dos fondos privados. No obstante, el Código Civil establece que, para transmitir la vivienda habitual y el mobiliario de uso ordinario de la familia, aunque sean titularidad únicamente de uno de los cónyuges, se requerirá el consentimiento de ambos o, en su caso, autorización judicial.

No es necesario preocuparse en exceso sobre este asunto si aún no se tiene claro, pues se puede cambiar de un régimen a otro sin problema a lo largo del matrimonio.

Las desventajas de la sociedad de gananciales son, principalmente, que, ante cualquier problema económico derivado de alguno de los cónyuges, el patrimonio ganancial se encuentra totalmente en peligro. Asimismo, la liquidación de la sociedad de gananciales es un trámite que suele generar enfrentamientos debido a que el cónyuge que haya aportado más valor a la sociedad saldrá perjudicado, mientras que para el cónyuge con menor poder adquisitivo, será una ventaja.

La principal virtud de la separación de bienes es la gestión y administración autónoma de los patrimonios privativos de cada cónyuge. Asimismo, al no existir un patrimonio común no es necesario repartir los bienes en caso de divorcio, salvo los que hayan sido adquiridos de manera común en el porcentaje que se haya indicado. Como hemos comentado, el trabajo doméstico del cónyuge que se haya dedicado más a esta actividad se tendrá en cuenta en el momento del divorcio y la vivienda habitual nunca podrá ser transmitida por el cónyuge titular, aunque el otro no lo sea.

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