DE 38 AÑOS DE PRISIÓN A LA ABSOLUCIÓN: UN GIRO INESPERADO EN EL CASO DE LOS JUGADORES DEL ARADINA

  • Autor: Carlos Viader Castro (Juez)

El pasado 11 de diciembre de 2019, fue dictada por la Audiencia Provincial de Burgos la Sentencia del caso de los jugadores del equipo Arandina Club de Fútbol, de la ciudad burgalesa de Aranda de Duero, Sentencia sobre la que publiqué un artículo, en este mismo portal jurídico, el 13 de diciembre de ese mismo año (Os dejo enlace al artículo Aquí)

En dicha Sentencia se condenaba a los acusados a un total de 38 años de prisión, dividiendo a la sociedad entre aquellos que lo consideraban merecido, y aquellos otros que lo juzgaban un disparate a la vista de cómo se condenan otros delitos que veían más graves.

            Frente a la Sentencia fueron interpuestos recursos de apelación por todos los condenados en primera instancia, dando lugar a que, el 18 de marzo de 2020, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León haya dictado Sentencia resolviéndolos. Esta nueva Sentencia supone un auténtico vuelco en los acontecimientos, ya que absuelve a uno de los acusados (a quien llamaremos Alberto) y rebaja las penas de prisión hasta los 3 y 4 años de los otros dos respectivamente (a quienes llamaremos Rubén y Jesús).

            Se trata por lo tanto de un caso real interesantísimo que nos da la oportunidad de analizar cómo un mismo caso puede dar lugar a dos resultados muy diferentes. Tan diferente que la diferencia le ha valido a Alberto quedar absuelto y a Jesús y Rubén una rebaja de 34 y 35 años de prisión respectivamente.

La Sentencia dictada en primera instancia recogía como probados los siguientes hechos:

Que estando solamente en el salón la menor Eva, y los tres acusados, los cuales eran conocedores de su minoría de edad y en concreto que tenía quince años, alguno de ellos apagó todas las luces de la estancia, se desnudaron, ante lo cual Eva fue al baño, regresando con posterioridad y sentándose en una esquina del sofá. Los acusados procedieron  a desnudarla quitándole la ropa, salvo las bragas, ella se cruzó de brazos y no supo cómo reaccionar, quedándose paralizada, procediendo los acusados a cogerla las manos para que les masturbase, y posteriormente sujetándole la cabeza para que les hiciera una felación, a cada uno de ellos, llegando uno (sin determinar) a eyacular en la boca de la menor, ante lo cual, y sintiendo asco fue al baño que se encontraba al final de pasillo para escupir”.

Los magistrados de la Audiencia dieron así por acreditada íntegramente la versión dada por Eva, creyendo por completo su relato de los hechos, a pesar de que la misma había contado una versión a sus amigos (afirmando que la relación había sido consentida) y otra muy diferente a sus padres (que había sido en contra de su voluntad), justificando dicha diferencia la Audiencia con la falta de madurez de la víctima y su necesidad de llamar a la atención.

En los hechos enjuiciados, la Audiencia consideró que se dio una intimidación calificada como de ambiental (como la sufrida por la víctima de la Manada de los sanfermines), la cual fue propiciada por los acusados al reunirse, teniendo mayor edad y complexión, entorno a Eva, quitándole la ropa y apagando la luz, lo que le dejó paralizada, para después sujetarle la cabeza para acercarla a sus penes y así les practicase una felación. Así, concluía que los hechos se subsumían en el artículo 183.2, 3 y 4b del Código Penal, al tratarse de un delito de agresión sexual con acceso carnal por vía bucal cometido por la actuación conjunta de tres personas sobre una menor de 16 años.

Así, cada uno de los tres acusados fue condenado en calidad de autor por la felación que obligaron cada uno de ellos a Eva a practicarles, pero también como cooperadores necesarios por las felaciones que recibieron los otros dos en su presencia. Y se consideró cooperación necesaria porque la intimidación ambiental se mantuvo todo el episodio de violencia sexual al estar los tres acusados asimismo todo el tiempo presentes. Y es precisamente dicha presencia conjunta y continuada necesaria para crear la intimidación lo que ha permitido calificar los hechos como agresión en vez de como abuso sexual.

Por los delitos cometidos como autores, se les impuso 14 años de prisión, y por cada uno de los dos delitos acometidos como cooperadores necesarios 12 años, lo que hizo un total de 38.

Como adelantábamos, la Sentencia dictada en diciembre de 2019 no era firme, al ser recurrible en apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, recurso que fue interpuesto por los condenados, habiendo sido dictada Sentencia por parte del TSJ de Castilla y León el día 18 de marzo de 2020.

La Sentencia dictada por el TSJ recoge como probados los mismos hechos que la Audiencia, a excepción de la parte subrayada, sustituyendo dicho texto por el siguiente “seguidamente les masturbó y les hizo una felación”, añadiendo asimismo un nuevo párrafo:

En la fecha en la que ocurrieron los hechos Jesús, Rubén y Alberto tenían respectivamente, 24 ,22 y 19 años de edad, si bien ninguno ha llegado a superar la etapa de educación secundaria obligatoria, con una madurez psicológica por parte de Alberto próxima a la de la menor y ligeramente superior a la de esta por parte de Rubén.

En cuanto a Jesús padeció un trastorno de déficit de atención/hiperactividad en su infancia que provocó que su madurez cerebral sea inferior a la edad cronológica”.

Concentremos la atención en la parte de los hechos probados que el TSJ ha eliminado y por qué texto lo ha sustituido.  Así, elimina ella se cruzó de brazos y no supo cómo reaccionar, quedándose paralizada, sustituyéndolo por seguidamente les masturbó y les hizo una felación. Con esto, el TSJ elimina la intimidación ambiental de la ecuación, lo que desemboca en que la apreciación del delito de abuso sexual en vez de la agresión sexual. ¿Por qué?

El TSJ basa su decisión en la falta de credibilidad de Eva. Mientras que la Audiencia minimiza la importancia de las radicales diferencias en sus versiones, el TSJ les da un papel protagonista. Así, el TSJ argumenta que inicialmente Eva contó a sus amistades íntimas una versión consistente en que las relaciones sexuales que mantuvo con los acusados fueron consentidas, hasta el punto de exponer la situación sexual vivida como un logro. Sin embargo, a medida que se fue dando cuenta de la magnitud del escándalo que se podía formar por el hecho de que una chica de 15 años mantuviese una relación sexual consentida con tres chicos mayores de edad, y a raíz del miedo que sintió cuando calibró la resonancia de los hechos en el momento en el que llegaran a oídos de sus padres a través de terceros, fue reelaborando el episodio, hasta convertirlo en uno de violencia sexual.

Así, dispone el TSJ que la credibilidad del testimonio de la menor, en lo que se refiere a la intimidación causada por la presencia de los tres condenados, presenta fisuras relevantes, lo que convierte en difícilmente asumible la valoración aceptada por la Audiencia.

Una vez descartada la violencia y la intimidación, el TSJ aprecia entonces el delito de abuso sexual cometido sobre un menor de 16 años (edad de consentimiento sexual actualmente vigente en España) del artículo 183.1 del Código Penal (El que realizare actos de carácter sexual con un menor de dieciséis años, será castigado como responsable de abuso sexual a un menor), en relación con el apartado 3 del mismo artículo, al ser los actos sexuales realizados por la menor consistentes en varias felaciones, de modo que la pena de prisión asciende a la horquilla de ocho a doce años.

Los recurrentes alegan el artículo 183 quáter del Código Penal, el cual dispone que El consentimiento libre del menor de dieciséis años excluirá la responsabilidad penal por los delitos previstos en este Capítulo, cuando el autor sea una persona próxima al menor por edad y grado de desarrollo o madurez.

He aquí donde entra en juego el nuevo párrafo introducido en los hechos probados por parte del TSJ relativo a la madurez de los acusados, argumentando que para valorar la aplicación del 183 quáter se hace preciso analizar si existe una simetría de edad/grado de madurez y desarrollo entre la menor y los adultos o, por el contrario, si las diferencias entre los autores y la víctima entraña una explotación de la vulnerabilidad de esta última que implique una clara situación de abuso.

Aceptando la posible aplicación del artículo 183 quáter, el TSJ está partiendo de que el consentimiento de Eva para mantener las relaciones sexuales fue, o libre, o ligeramente viciado por cuestiones de edad y madurez, por lo que, de haber tenido 16 años en vez de 15, los hechos habrían sido atípicos.

El TSJ considera que la diferencia de edad entre Eva y Alberto es escasa (4 años), lo que, añadido a los informes psicológicos forenses que señalan que su madurez psicológica es próxima a la de la menor justifica la plena apreciación del 183 quáter y, por ende, su absolución, al apreciarse una eximente completa de responsabilidad penal.

En relación con Jesús y Rubén, al tener 24 y 22 años respectivamente, el TSJ considera que no puede apreciarse la eximente completa de responsabilidad penal por la diferencia de edad, pero, no siendo la misma notable y en atención a su grado de madurez psicológica, sí puede construirse una atenuante analógica muy cualificada del artículo 22.7º del Código Penal, lo que lleva a los magistrados a imponer la pena inferior en dos grados, hasta fijarla en tres años para Rubén y en cuatro para Jesús, en atención a su mayor edad y cierto liderazgo en todo lo acontecido.

Al descartarse la intimidación ambiental que sí había apreciado la Audiencia, los acusados Rubén y Jesús responden única y exclusivamente de los actos sexuales que cada uno de ellos consumaron con Eva, sin responder de los que cometieron los demás, por lo que no responden en calidad de cooperadores necesarios por ningún delito, razón por la que la pena se ve tan extremadamente reducida.

La divergencia en el razonamiento entre la Audiencia y el TSJ no radica en cuestiones jurídicas, sino en la valoración de la prueba. Así, mientras que la Audiencia sí dio por cierta íntegramente la versión de Eva, apreciando de este modo la intimidación ambiental y, por ende, el delito de agresión sexual, el TSJ descarta dicha intimidación en atención a las contradicciones de las versiones que Eva dio a amigos y familiares, descarte que provoca la absolución de uno de los acusados por su cercanía en edad y madurez con la víctima, y la condena de los otros dos por sendos delitos de abuso sexual muy atenuados.

Esta diferencia no implica que la postura mantenida por la Audiencia sea ilegal o reprochable, dándose una mera diferencia de criterios en la valoración de la prueba, siendo ambas interpretaciones legalmente sostenibles, solo imponiéndose la solución mantenida por el TSJ sobre la de Audiencia por razones de jerarquía jurisdiccional.

La Sentencia dictada por el TSJ es apelable ante el Tribunal Supremo. Si el Alto Tribunal diese una solución diferente a la del TSJ, tampoco implicaría una mala praxis del mismo, sino una resolución diferente de un mismo caso con cabida legal en nuestro ordenamiento jurídico, fenómeno absolutamente normal en un Estado de Derecho.

 

AUTOR

CARLOS VIADER CASTRO

Nacido en 1986, cursó las licenciaturas de Derecho y Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Complutense de Madrid, finalizándolas en 2010.

Comienza entonces la preparación de las oposiciones de Judicatura, las cuales aprobaría en abril de 2012.  Ingresa a continuación en la Escuela Judicial, incorporándose al servicio activo en 2014.

Tras ejercer en Coslada y Torrejón de Ardoz, toma posesión como titular del Juzgado de lo Penal 1 de Melilla en 2016, donde ejerce actualmente, ciudad en la que ha colaborado en cursos y ponencias con la Policía Nacional y la Universidad de Granada.

Miembro del Comité Nacional de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria desde 2017, ha publicado en sus boletines de civil y derecho comunitario, además de en sus revistas Igualdad y JUECES. También ha publicado en los portales jurídicos Discusión Jurídica y Hay Derecho de Expansión, así como en el diario El Español.

 

 

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