¿Es la pena capital útil?

José María Limones Gómez

Autor: José María Limones Gómez

Es algo consabido que la pena capital –también conocida como pena de muerte- es un recuerdo del pasado en nuestro ordenamiento jurídico. Que sea antiguo no quiere decir que sea peor y ni mucho menos desfasado, entiendo que sea un pensamiento que choca entre los más jóvenes, pero el progreso no significa desechar “lo antiguo” para implantar un nuevo “sistema moderno” y por ende, mejor que lo que le precedía.

 

Una vez realizado este apunte, paso a exponer, bajo mi punto de vista y siempre desde la óptica jurídica, lo que entiendo por la posible aplicación en nuestro país que pudiera llegar a tener la pena de muerte. Hago especial énfasis en la óptica jurídica porque en este tema confluyen ideologías no sólo políticas sino también religiosas y morales. Desterrando pues la idea –lo deseable- de un derecho penal con tintes religiosos o morales –este último abunda en nuestra actual regulación- me ciño a lo jurídico.

 

Para tener una visión de conjunto hay que recordar a los lectores que, la Constitución en su artículo 25.2 orienta las penas hacia la reeducación y la reinserción social. A sensu contrario, si los penados son incorregibles o de imposible reinserción –dónde la criminología y otras ramas de esta nuestra Ciencia Global del Derecho Penal tendrán la última palabra- parece a prima facie que estos principios no son aplicables a estos sujetos. Evidentemente tendrían que ser sujetos cuyos delitos por su extrema gravedad hiciera de la pena capital un imperativo categórico.

 

Una vez que tenemos a los destinatarios de la pena capital –recuerdo, incorregibles o de imposible reinserción– hay  tres caminos posibles. Por un lado, podemos ponerlos en libertad, pues la pena si realmente ha abandonado el espíritu retribucionista no cumple ninguna función con dichos sujetos –porque es imposible-. Por otro lado podemos, cómo decía Franz VON LISZT, en su conocido Programa de Marburgo, (que distinguía el fin de la pena según la clase de delincuente) llegar a utilizar la pena con una finalidad de prevención especial neutralizante, cuyo cometido es la inocuización (cadena perpetua) del delincuente no suceptible de corrección. Por último presento la tercera vía, para aquellos sujetos que hayan cometido delito/s de características deleznables, y que con ello hayan puesto de manifiesto su falta de adaptación a la sociedad, la falta de respeto a lo normativo y su potencial peligrosidad –puesta de manifiesto con el delito/s-, a ellos, les sería aplicable la pena de muerte. Otra discusión sería qué tipos de delitos conminar con esta pena, pero con un pequeño esfuerzo todos podemos llegar a cierto consenso con la ayuda del sentido común.

 

 

Se critica que la pena de muerte no es eficaz, ya que no disuade el crimen. Respondo a esto diciendo; Con la pena capital no se busca –no se debería buscar- disuadir a otros (eso se lo dejamos a las penas ordinarias), se busca neutralizar a un sujeto, el cual, con su acto delictivo ha puesto de manifiesto el fallo de las expectativas sociales que se tenían puestas en él, y que exteriormente, ha manifestado una peligrosidad para el entorno –la sociedad, en concreto, el resto de individuos-. Sin ser, repito, una finalidad buscada, si con la instauración de la pena capital se consigue que un sólo criminal desista antes de ejecutar una acción criminal, habrá valido la pena.

 

Otra crítica común es que con la pena de muerte se aplica la Ley del Talión (ojo por ojo), ante tales afirmaciones sólo queda decir, que la pena no se aplica “en venganza” o por puro retribucionismo, sino más bien es una pena tan legítima como cualquier otra pero cuyo fundamento –en base a los delitos y a los sujetos que hayan intervenido- difiere del común, pues aquí no buscamos la resocialización o la reinserción –tarea inútil en estos sujetos-, tampoco buscamos la venganza, sino que buscamos la protección de la sociedad respecto a ese peligroso individuo, y con un “toque” utilitarista que más adelante expondré.

 

También se argumenta que sería preferible una cadena perpetua antes que la pena capital, pues bien, si nos alejamos de posiciones moralistas y religiosas, y nos centramos en términos de utilidad (criterio utilitarista), tanto los años de manutención como los posibles permisos penitenciarios que pudiera hipotéticamente conseguir, así como el espacio que deja “su marcha” serían argumentos de sobra para postularse a favor de la pena de muerte para aquellos casos incorregibles y peligrosos.

 

Se argumenta por parte de distintos autores que la pena de muerte viola Derechos Humanos, no voy a molestarme ni siquiera a entrar en el detalle. Un apunte a los juristas más novatos, aquellos que renegaron del Derecho natural ahora se lanzan a los brazos de un supuesto Derecho que todo Ser Humano tiene por el hecho de serlo. En todo caso es una intolerable concesión y un ataque (consentido por cierto) a la soberanía de un Estado.

 

Por último, el último bastión al que los hombres justos se acogen, el margen de error. En todos los ámbitos de esta vida (la jurídica y la no jurídica) pagan “justos por pecadores” y no por ello desechamos el sistema que conocemos. Probablemente, sean ejecutados inocentes –con un correcto sistema de garantías y no tan chapuza como algún país de cuyo nombre no quiero acordarme pero se habla inglés, se tratará de evitar a toda costa- pero es el precio a pagar –alguno le llamaría razón de Estado– por neutralizar a aquellos sujetos que verdaderamente son culpables. Como terapia para los lectores con la conciencia escrupulosa recomiendo que se repitan la siguiente idea; No suele haber finales felices, no podemos salvar a todo el mundo, y si pudiéramos, no lo haríamos porque habría personas que no se querrían ensuciar las manos.

 

En resumen;

  1. La pena es ideal para aquellos sujetos incorregibles o de imposible reinserción que hayan cometido delitos gravísimos.

 

  1. El fundamento de la pena es la neutralización definitiva de un sujeto, con esa influencia utilitarista ya mencionada anteriormente. Y evidentemente no se desprecian otros efectos no esperados pero si bien recibidos (disuadir a otros sujetos).

Todo lo anteriormente expuesto, “entra mejor” visualizando los rostros (tecleen José Bretón, El Chicle, Caso Asunta…) de estos sujetos tan…peculiares, acompañado del maravilloso ramillete de sus fechorías.

 

Gracias por su atención.

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